Historia

HISTORIA

La página "HISTORIA" estará destinada a narrar,  los antecedentes históricos de la Villa. Los datos serán transcritos literalmente del siguiente documento: INFORME EN TORNO AL PROYECTO DE ESCUDO HERÁLDICO Y BANDERA PARA LA VILLA DE DIEGO ÁLVARO/DIEGO DEL CARPIO (ÁVILA)

El citado Informe fue solicitado por el Ayuntamiento de Diego Álvaro para investigar la hipotética existencia del escudo heráldico de la Villa con miras a su recuperación y, en caso de no hallarlo, proceder a la elaboración de un nuevo emblema. Fue realizado por Don. Félix J. Martínez Llorente, profesor titular de historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Valladolid, Académico C. de la Real Academia M. de Heráldica y Genealogía en Valladolid con fecha 11 de abril de 2001.



ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA VILLA: 
FUNDAMENTACIÓN DE UNA PROPUESTA ARMERA


ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA VILLA 

Es muy probable que el origen de Diego Álvaro debamos indagarlo en las labores de roturación y repoblación desarrolladas por un particular asentado en estas tierras extremas occidentales abulenses en los albores del siglo SII. El conde Raimundo de Borgoña, por encargo de su suegro el rey Alfonso VI, había dado inicio, en torno al año 1088, a unas intensas labores de revitalización demográfica de los territorios previos a la Sierra, para lo cual atrajo amplios contingentes de población de comarcas norteñas del reino.
La famosa Crónica de la Población de Ávila[1] nos relata pormenorizadamente la llegada de estos grupos de población a la urbe y su posterior asentamiento. Sin embargo, nada señala respecto de las zonas rurales para lo cual, ante la ausencia de documentación, debemos acudir a los datos, sobre todo onomásticos, que nos proporciona la documentación indirecta.
En base a ellos Julio González[2] y Ángel Barrios[3], con excepcionales resultados, han despejado las enormes incógnitas que ensombrecían el efectivo conocimiento del remoto pasado de amplias zonas del alfoz abulense, aportando luz en cuanto al origen y procedencia de los diversos pobladores que se asientan en sus zonas rurales.
Ángel Barrios cotejará la toponimia de las comarcas de donde eran originarios los repobladores con los nombres de los lugares del obispado abulense que aparecen en la consignación de rentas ordenada por el cardenal Gil Torres a la iglesia y obispo de Ávila en 1520, llegando a la conclusión de que un buen número de estos últimos son la repetición de los que traen los repobladores de sus lugares de origen, por lo que se puede saber su lugar de asentamiento. En el caso del valle de Amblés y las comarcas de Almar y Serrezuela, los pobladores de enclaves como Anguas, Brieva, Zurraquín, Domingalvín, Duruelo, Ferreros, Ortigosa y Serranos serían originarios de las comarcas septentrionales de Cinco villas, Covaleda y Lara; los de Blascosancho, Blascoazedo, Esquierdos, Mazarrones, Naharros, Muñana o Diego Álvaro serían oriundos de territorios vascoriojanos, y así sucesivamente[4].
Como bien indica Eduardo Tejero Robledo seguido por Ángel Barrios, es posible que el topónimo adjudicado al lugar guarde relación con el nombre propio de cierto personaje atestiguado desde 1062 y hasta el año 1089 en Ibrillos, por tierras burgalesas, como senior o teniente del lugar[5], y que, desplazado hasta este territorio de frontera en compañía de alguno de sus hombres, terminará asentándose con fines repobladores en las, por entonces, tierras más occidentales del primitivo e incipiente alfoz concejil abulense[6].
El emplazamiento elegido resultaba tremendamente atractivo para lo nuevo pobladores, al igual que lo había sido en épocas pretéritas, si nos atenemos a los ricos yacimientos arqueológicos del Neolítico, Edad del Bronce, época romana y visigoda aparecidos en la propia población o en su término[7]. Incluso se ha llegado a aventurar por ciertos autores la posible localización en torno al poblado visigodo de Diego Álvaro de la desconocida Gérticos, lugar donde falleciera el rey Recesvinto y fuera elegido su sucesor, Wamba, apoyándose para ello en la poco precisa ubicación que del sitio exacto en el que aconteció el mencionado deceso realizara años más tarde San Julián de Toledo en su “Liber de Historia Galliae”: “fere centum viginti millibus ab urbe regia distans, in Salmanticensi territorio sita est” (dista ciento veinte millas desde la ciudad regia -Toledo-, estando ubicada en territorio de Salamanca)[8].
Con independencia de esto lo cierto es que el poblador Diego Álvaro y los suyos procedieron al asentamiento y a la posterior roturación con fines repobladores, a finales del siglo XI y principios del XII, de un lugar que había conocido un intenso pasado poblacional en todos los períodos históricos anteriores, plenamente justificado por su estratégico y rico emplazamiento que venía a hacer de él un lugar tremendamente atractivo.
La primera noticia escrita con la que contamos de nuestro municipio nos viene de la mano de la famosa consignación de rentas del obispado abulense ordenada por el cardenal Gil Torres en julio de 1250. En ella, integrando el territorio de Serrizuela, aparece con una aportación de 5 maravedíes la aldea abulense de Diag Aluaro[9].
Como aldea concejil abulense Diego Álvaro proseguirá su lenta configuración demográfica y política en un silencio documental casi absoluto, tan sólo roto por alguna testificación o negocio jurídico de sus vecinos, o por la intervención de otros como representantes del sexmo de Serrezuela como integrantes del mismo en cuanto que aldea abulense, como la acontecida en 1496-1497[10]. Indudablemente, dentro de la organización territorial concejil de la ciudad de Ávila la aldea de Diego Álvaro pasó a adscribirse, desde mediados del siglo XIII, al sexmo o demarcación administrativa y fiscal de Serrezuela y que abarcaba fundamentalmente la comarca de igual nombre, al occidente de la urbe cabecera. Así se  recoge en el censo de Población de la Corona de Castilla de 1591 y en el que Diego Álvaro consta que pertenece al “seísmo de Serrezuela” con un total de 115 vecinos de los que 106 son pecheros, 5 hidalgos y 2 clérigos[11].
Sin embargo, el acontecimiento histórico que mayor trascendencia va a tener en la evolución jurídico-política de la población será, con mucho, la concesión por el rey Felipe IV, con fecha 28 de enero de 1630, de la carta de privilegio de villazgo, erigiéndola exenta por sí y sobre sí desmembrándola de la ciudad de Ávila. Ello era resultado directo de la posibilidad que había ofertado el monarca a sus súbditos, hasta en número de 12.000 vasallos, por Real Cédula de 15 de mayo de 1630, de obtener su propia jurisdicción mediante compra de la misma, o caso contrario, proceder a su adjudicación pública al mejor postor como señorío[12].
La escasez de vecinos en el lugar –la carta de privilegio nos informa de que por aquellas fechas contaba con “quarenta vecinos poco más o menos” -unido a lo exiguo de su término – “hasta media legua de términos”- provocará  el que la nueva villa sea adquirida por don Antonio de Valencia, caballero de la Orden de Santiago, procurador en Cortes y consejero del Consejo de Millones por 1.050.000 maravedíes, quien la integrará en el mayorazgo que ya posee “de que fue fundador Gerónimo Maldonado” para el que había consignado “trescientos ducados de reta que sirviesen para augmento de dicho mayorazgo”. Dicha compra traerá consigo el propio cambio de nombre de la población, que en adelante y en honor indudablemente, de su nuevo señor pasará a ser conocida –más oficialmente, que coloquialmente, como Valencia de la Sierra[13].
Por razones que desconocemos –probablemente Antonio de Valencia no abonó en los plazos establecidos el montante de la compra[14] o la ciudad de Ávila ejercitó el derecho d tanteo o de retracto sobre su aldea- la venta no se materializó, continuando su dependencia jurisdiccional de las autoridades concejiles abulenses, aunque conservará su condición de villa adquirida en virtud del privilegio regio de 1640 con el nombre, eso sí, de Diego Álvaro.
Finalmente, en el Catastro del Marqués de la Ensenada, desarrollado en el lugar en los inicios del invierno de 1751, se contestará por parte de la vecindad a las preguntas de los representantes regios que “esta villa se llama Diego Álvaro…”  siendo “realenga y que sólo paga a S.M. por razón de reales atributos en las arcas reales de la ciudad de Ávila con las partidas siguientes: por razón de alcabalas, cientos y ser vicio real, mil quinientos noventa y nuebe reales y veinte maravadís de vellón, noventa y seis reales del seis por ciento, mil y doscientos reales por las sisas y nuevos impuestos”, además de abonar “a los procuradores generales de la Tierra de dicha ciudad (Ávila) doscientos y ochenta reales por razón de martiniega”[15]
Y en el Censo del Conde de Floridablanca  (1785) la villa de Diego Álvaro continuará integrando el sexmo abulense de Serrezuela –junto con los lugares de Aldealabad, Arevalillo, Armenteros, Ventosa de la Cuesta, Castellanos de la Cañada, Martínez y Zapardiel de la Cañada-, como villa “de señorío secular” (sic), con alcalde ordinario.
En fechas algo más recientes –mediados del siglo XX- la villa de Diego Álvaro permutará nuevamente su tradicional nombre por el de Diego del Carpio al integrar en su término municipal las tierras del despoblado aldeano de Carpio Medianero, ubicado a su occidente.



[1] Hernández Segura, A., Crónica de la Población de Ávila, Valencia 1966, p. 22; Barrios García, A., Estructuras agrarias y de poder en Castilla. El ejemplo de Ávila (1085-1320), I, Ávila 1983, pp. 130-140; Moreno Núñez, J.L.  Ávila y su Tierra en la Baja Edad Media (siglos XI-XV), Ávila 1992, pp.43-46

[2]  La Extremadura castellana al mediar el siglo XIII, en “Hispania” 127 (1974), pp 265-424.

[3] Estructuras agrarias y de poder de Castilla. Ejemplo de Ávila (1085-1320), 2 vols.,  Ávila-Salamanca 1983-1984; Una Tierra de nadie: los territorios abulenses en la Alta Edad Media; Conquista y Repoblación: el proceso de reconstrucción del poblamiento y el aumento demográfico; Repoblación y colonización: la dinámica de creación de paisajes y el crecimiento económico, en “Historia de Ávila. II Edad Media (siglos VIII-XIII)”, coord. Ángel Barrios, Ávila 2000, pp 193-225; 227-270 y 271-335

[4]  Estructuras agrarias y de poder, o.c., p. 132; Conquista y repoblación, o.c., p.245.

[5] Martínez Diez, G., Pueblos y alfoces burgaleses de la repoblación, Valladolid 1987, pp.1987, pp. 166-169..

[6] Tejero Robledo, E., Toponimia de Ávila, Ávila 1983, p. 175-176; Barrios García, Conquista y repoblación, o.c., p.245.

[7] En Diego Álvaro se encuentra el único poblado o aldea identificado en Ávila –El Chorrillo- donde excavó en su día Gutiérrez Palacios entre 1945 y 1975, siendo difícil determinar si se trata de un auténtico poblado de una villae  bajoimperial. En dicho yacimiento se han encontrado cerámicas, herramientas  y escasas armas, abundando también las monedas, todas de bronce y de escaso valor (semis y centenionales) de los emperadores defines del siglo IVa y principios del V, además de una necrópolis típicamente tardorromana. El asentamiento continuaría en época visigoda (siglos VI a VIII), siendo apreciable en el elevado número de pizarras escritas con diversos negocios jurídicos halladas en la Dehesa de El Castillo y en La Lancha del Trigo (Cfr. Historia de Ávila. I Prehistoria e Historia Antigua, coord.., M. Marinés, 2ª ed. Revisada y actualizada, Ávila 1998, passim).

[8] Para A.Gutiérrez Palacios “una línea recta, trazada en el mapa desde Toletum a Salmántica, pasa cerca de los Corralillos, paraje que aún conserva vestigios de un poblado visigótico, que está a 150 kilómetros de Toledo en línea imaginaria y recta”. Deduce que El Castillo pertenecía a Salamanca y que posee irrefutables testigos de poder ser o haber sido Gérticos el actual El Castillo de Diego Álvaro, en el paraje conocido por los Corralillos (Miscelánea arqueológica de Diego Álvaro, Ávila 1966). Para Belmonte Díaz tal identificación sería “muy discutida”, sobre todo si se tiene en cuenta lo relatado en la Primera Crónica General del rey Alfonso X, que la ubica en el lugar de Bamba, en la actual provincia de Valladolid, aunque no descarta del todo la texis de Gutiérrez Palacios (La ciudad de Ávila. Estudio histórico, Avila 1986, p.52)
[9] González González, J., La Extremadura castellana al mediar el siglo XIII, en “Hispania”  127 (1974)
p.4 21

[10] “ e por el seysmo de Serrezuela, Ferrand Domínguez, vezino de Diegoálvaro, del qual poder dio fee Toribio Herrández, vezino de Arevalillo, escribano del seysmo de Serrezuela” (Ser Quijano, G. del, Documentación del Archivo Municipal de Ávila. Vol. (1495-1497),  Ávila 1999, doc. 457, pp.101-104).

[11] Censo de Castilla de 1591, ed. Molinie Bertrand, A., Madrid 1984, p.84.

[12] A. G. Simancas, Mercedes y Privilegios, Leg. 283, fol. 5

[13] “que el dicho Don Antonio de Valencia se le aya de vender y venda la jurisdicción, señorío y vasallaje del lugar de Diego Álvaro, que de aquí adelante se a de llamar la villa de Valencia de la Sierra, que es de la jurisdicción de Ávila, par a el mayorazgo que posee de que fue fundador Gerónimo Maldonado, porque el dexó trescientos de renta para que sirviesen para augmento del dicho mayorazgo…” (Ibidem).

[14]  “Primeramente, el precio ha de pagar en dos años y quatro pagas iguales, la primera quarenta días después que se le aya dado la porción pacífica del dicho lugar y las otras tres de seis en seis meses sucesivamente…” (Ibidem).

[15] A.G. Simancas, D.G.R., Respuestas Generales, Libro 4, fols. 1-16


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